Posts filed under ‘Cine’

Holy Motors y el agotador circo en el que vivimos

Dejarte con el culo torcido a base de una expansiva onda de elementos visuales desconcertantes. Esta es básicamente la premisa que el señor Leos Carax ha llevado a cabo para dar su punto de vista sobre el cine, la vida de los actores, la rutina, la obsolescencia, la obsesión y el cansancio. Un jodido compendio de buenos momentos audiovisuales que, dejando de lado lo enrevesado de su simbología y puesta en escena, consigue crear en el espectador un cóctel de sensaciones que pueden tambalearse entre la fascinación o el más desconcertante aburrimiento. Hay películas y películas, y Holy Motors entra en el saco de las «películas».

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noviembre 29, 2012 at 9:52 pm Deja un comentario

Looper, rompiendo el bucle del aburrimiento

Olvidemos por un momento las paradojas temporales, las rayadas mentales que pueden surgir de los viajes en el tiempo y sus apocalípticas consecuencias universales. Dejemos de lado el «que pasaría si…» vamos a dejar que las piezas se muevan solas, eso es precisamente lo que Rian Johnson ha querido hacer con Looper, una interesante pieza de ciencia ficción que basa su trama en los viajes en el tiempo, pero que a diferencia de otros referentes del género, lo aborda de una manera directa y como elemento base para unificar las piezas de la trama que la conforman, dando lugar a la interesante idea en torno a la cual gira la película: Asesinos denominados loopers que se encargan de eliminar a víctimas que viajan desde un futuro. El concepto podría dar lugar a un galimatías de diagramas y diversos universos paralelos, pero como bien dice Bruce Willis en la cafetería: «A la mierda con todo ese rollo».

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noviembre 27, 2012 at 10:28 pm Deja un comentario

Drive, silencio al volante

Exquisita puesta en escena la que nos ha brindado en este final de año el señor Nicolas Winding, que se ha sabido sacar de la manga una de las películas en mi opinión, más interesantes de este 2011, aunque también hay que comentar que no ha sido un año demasiado acertado para el séptimo arte. Drive es un homenaje a aquellas películas sesenteras de guaperas al volante, relucientes coches de la época y rubias ingenuas enamoradas, todo ello aderezado con unas cucharaditas de cine negro, violencia inesperada y un ritmo y propuesta muy a la europea.

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diciembre 25, 2011 at 5:17 pm Deja un comentario

Minicrítica de Super 8

Por fin ha aterrizado en los cines españoles Super 8, el hypeado metraje del que está llamado a ser uno de los directores más destacados dentro de su género. Esta vez el señor J.J. Abrahams ha acertado, no se ha ido por las ramas con sus particulares idas de olla, quizás esto se deba a la mano en la producción de Spielberg, veterano en esto de las aventuras de fantasía para toda la familia. Super 8 deja buen sabor de boca y consigue hacer olvidar la decepcionante Monstruoso, primer ejercicio del director que se quedó en un bonito ejemplo de como el marketing viral puede hacer milagros. Pero dejemos a un lado baches e influencias y hablemos de lo que Super 8 puede aportar al público.

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agosto 25, 2011 at 2:01 pm 5 comentarios

Sobre Fritz Lang y unos cuantos cuadros

Repudiado por algunos, amado por otros, lo cierto es que el periplo americano de Fritz Lang da para hablar largo y tendido sobre algunas de las mejores películas del cine negro de la década de los cuarenta y cincuenta. En dos de ellas me voy a centrar, sólo separadas por un año de diferencia y en donde se repite el reparto, con el gran Edward G. Robinson y la bellísima Joan Bennet como pilares de ambas historias. Se trata de The woman in the window y Scarlet Street, títulos que aparecieron en nuestro país como La mujer del cuadro y Perversidad. No sólo un reparto excepcional era lo que ambos largometrajes repartían, sino que la atracción que Lang sentía hacía el arte y la pintura sirvieron de núcleo para tejer dos historias que aunque poseen prismas totalmente distintos giran en torno a conceptos primigenios. El amor, el desencanto hacia un matrimonio indeseado, el miedo por una parte a la infidelidad y el deseo por otra de comenzar nuevas aventuras, todo ello aderezado como no con los ingredientes de toda buena obra del género: desengaños, sobornos y asesinatos.

En ambos metrajes, la salud mental de los protagonistas encarnados por Edward termina tocando fondo, psicológicamente hundido y sin escapatoria aparente en La mujer del cuadro y totalmente obsesionado y psicótico en Perversidad, en un final que aunque pueda parecer forzado es el más adecuado para cerrar una historia en la que la radiante Joan Bennet se excede en crueldad y cosigue volver totalmente loco de amor a un hombre que, aparentemente, es incapaz de hacer daño a una mosca. Es este sin duda el aspecto que más me ha gustado en las dos películas, especialmente en Perversidad, donde la transformación que va sufriendo el personaje no deja constancia de supuestos síntomas hasta una recta final en la que al mismísimo espectador le entran ganas de abofetear a Joan.

A nivel argumental y en cuanto a ritmo de narración, La mujer del cuadro es una película posiblemente más llevadera y disfrutable. Tras el tema principal sobre el que gira la trama se va hilando una inteligente red de posibles alternativas para un final que también está lejos de lo que se puede llegar a presuponer. Constantes giros y hechos marcan una serie de vaivenes en los que la obra se va tambaleando hacia determinados caminos, a los que no termina de aferrarse debido a recursos de última hora que brillantemente terminan dando cohesión a la que es, desde mi punto de vista, una de las mejores películas del director.

Mención especial merece también Dan Duryea, soberbio en las dos películas y haciendo las veces de personaje oportunista, indeseable y chantajista en un papel que le viene que ni pintado. Su interpretación cobra mayor peso en Perversidad, donde tiene mayor protagonismo y presencia. El actor comparte en ambas películas la importancia de ser pieza clave en ambos finales, ya que de su actuación depende la salvación de otros, paralelismo genialmente establecido en las dos películas.

Parte del encanto de los dos trabajos radica en que a pesar de ser disfrutables de forma independiente, visionados en conjunto pueden dan lugar a un posible vínculo solamente limitado por la imaginación del espectador, ya que a pesar de ser dos historias que no tienen porque estar relacionadas, tienen tantos puntos en común que es difícil no acabar buscando algo de sentido en su conexión, y más tras el final de La mujer del cuadro.

Y a vosotros, ¿qué os parecen los paralelismos en ambas historias?, ¿tenéis alguna paranoica teoría acerca de la posible conexión, si es que la hay, entre ellas?. Si es así estaré encantado de leerla en los comentarios.

diciembre 15, 2010 at 5:34 pm 2 comentarios

Minicrítica de las dos películas decentes que quedaban por estrenarse

Bueno, este Diciembre nos deparaba dos estrenos realmente interesantes. Por una parte la esperadísima Avatar, la nueva obra de James Cameron que prometía revolucionar la industria y por otra la adaptación al cine del libro Where the wild things are, de la mano del siempre efectivo Spike Jonze. No me quiero enrollar mucho, así que vayamos por partes.

Avatar

Me ha parecido una burrada a nivel visual, simple y llanamente uno de los mejores usos que ha hecho un director de la tecnología para crear una película. Un universo realmente bonito, lleno de fluorescencia y seres mágicos. No cabe duda de que Cameron ha sabido crear un nuevo universo. Las animaciones y los detalles de los diseños son brutales. Me han llamado la atención sobre todo las expresiones faciales, realmente conseguidas. Por otra parte, aunque el contexto de la historia es simple, creo que a nivel argumental es un tanto previsible. Todo depende de las expectativas que tengas en ella. Si la abordas como una película para pasar el rato y flipar con el apartado visual saldrás contento, si por otra parte esperabas una historia un poco más profunda y con más variantes  puede que te decepcione.

Detrás de un mensaje puramente ecologista y de respeto hacia otras razas hay un guión que independientemente de los impactantes momentos de acción, no tiene diálogos o momentos realmente emotivos, salvo en forzadas muertes de personajes que ya se veían venir de antemano. No es una decepción ni mucho menos, es una película que merece la pena ser vista en el cine, pero si se le hubiera dedicado a la historia el mismo tiempo que se  le dedicó al apartado visual estaríamos ante una de las mejores del año. Sin ir más lejos, Wall-E traía el mismo mensaje, y aún así, emocionalmente hablando, le da mil vueltas a Avatar.

Donde viven los monstruos

Se trata como ya he comentado de una adaptación a la pantalla del libro de Maurice Sendak escrito en 1963. En él se narra la historia de un chico rebelde, con ciertos problemas de adaptación dentro de una familia que a pesar de no ser especialmente problemática si muestra algunos síntomas de poca atención hacía el menor. La ausencia de una figura paterna y la falta de atención son el detonante que hacen que Max descubra un nuevo mundo del que sacará sus propias conclusiones. Con unos acompañantes bastante peculiares, Donde viven los monstruos puede hacer recordar películas como La Historia Interminable, El Cristal Oscuro o Dentro del Laberinto, pero con una temática menos fantasiosa y más filosófica sobre la importancia de la familia y lo difícil que es mantenerla unida.

Detrás de unos hechos aparentemente estúpidos y una falta de conexión palpable en los inicios de la aventura se encuentran multitud de mensajes que invitan al espectador a reflexionar sobre la posición que pueden tomar distintos miembros de una familia. Totalmente recomendada de cara a las navidades y con una fotografía que particularmente me ha encantado.

diciembre 21, 2009 at 2:31 am 3 comentarios

Minicrítica de Déjame entrar

A pesar del actual bloqueo que sufren algunos géneros cinematográficos, siempre aparecen obras capaces de dar una nueva visión sobre elementos y temáticas manidas sobre las que ya no se aporta demasiado. En ocasiones se echa mano de adaptaciones literarias, novelas, cómics o videojuegos, en este caso Déjame entrar es una genial película que trata el tema de los vampiros a través de otro prisma, con una visión más sentimental y visceral que a lo que acostumbran las últimas producciones estadounidenses. De nuevo el cine europeo, en este caso desde Suecia, vuelve a demostrar el poder de la idea, la superioridad de una buena historia por encima de toneladas de efectos especiales y típicos clichés.

Déjame entrar está basada en la novela del mismo nombre escrita por John Ajvide Lindqvist en el año 2004, que también participó en el guión de la misma. No he tenido el placer de leer el libro, pero la película me ha encantado. Está llena de sentimiento y de buen hacer de la mano del director Tomas Alfredson. A pesar de coger como base una historia vampírica, abarca temas que van desde el acoso escolar hasta la soledad, pasando por el despertar de la curiosidad adolescente y los primeros amores. Oskar es un chico de doce años que vive con su madre en un barrio de Estocolmo. Es invierno y nieva. En medio de este paisaje tan frío y embaucador es donde se dan cita los acontecimientos que van haciendo brotar una amistad con Eli, una vecina recien llegada.

A medida que entre ellos va creciendo la confianza se suceden una serie de hechos que arrastran irremediablemente a la verdad que el espectador ya conoce, pero a la que Oskar es ajeno. Es una bonita historia de amor pre-adolescente con muchos matices y momentos que dan lugar a la libre interpretación. Que vayan tomando nota los de Crepúsculo. La cara y la cruz de como debe hacerse una película de este estilo.

Ha recibido una gran cantidad de premios a nivel Europeo en todos los festivales en los que ha estado presente y el escritor de la novela original está bastante satisfecho con el trabajo realizado a pesar de haber hecho algunos recortes en la historia original. Se empieza a hablar de un remake sobre el cual el director no está muy de acuerdo, pero ya se sabe, la cruel e insípida factoría americana no tiene piedad, y viendo el gran éxito que están recogiendo películas de temática similar no tardará en soltar el maletín de billetes.

La recomiendo ciegamente a todo aquel que quiera ver una película de vampiros distinta y que no deja indiferente.

noviembre 28, 2009 at 11:34 pm 7 comentarios

Minicrítica de Zombieland

Dentro del auténtico resurgir zombie que estamos viviendo últimamente todavía se dejan ver piezas que cumplen con su cometido sin intentar ir más allá, de nuevo Zombieland es uno de esos ejemplos. Si unos cuantos posts atrás hablaba de la genial Dead Snow, hoy de nuevo me he entretenido viendo una peli de zombis que tampoco pretende convertirse en el nuevo icono popular del género. Sin ir más lejos, Zombieland es una versión americanizada de Shaun of the Dead, pero con su estilo propio y una producción bastante currada (es lo que tiene la diferencia de presupuesto).

A pesar de no aportar nada nuevo, los momentos desternillantes de la película valen la pena. Muertes chorras, estupendo maquillaje, algún cameo bastante bueno y una parte final que sin duda recuerda a las pelis de zombis de los ochenta. Zombieland se centra en el humor, así que olvidaos de situaciones demasiado tensas o sustitos, es una peli directa al grano que cumple con su cometido, sin mas, y no está nada mal para tratarse del debut de un joven director de Washington llamado Ruben Fleischer, que ha sabido enfocar bastante bien el toque de comedia que cualquier peli de zombis puede tener.

El reparto no es demasiado brillante, pero cuenta con la interpretación de un siempre eficaz Woody Harrelson en el papel del psicópata outsider de turno, rol que le viene que ni pintado, como ya vimos también en la reciente y catastrófica (nunca mejor dicho…) 2012. Un joven pajillero adicto al Warcraft, la tipa mala de turno con dotes de zorra y su hermana pequeña completan el reparto. Zombieland cumple con su cometido: entretener. De nuevo no esperes una revolución en el género, ni una respuesta directa a Shaun of the Dead, porque a pesar de tratarse del mismo enfoque lo aborda de otra manera.

noviembre 22, 2009 at 9:32 pm 2 comentarios

Special, un héroe vacío

special

Michael Rapaport es un actor y comediante bastante conocido en Estados Unidos que ha participado en un buen puñado de películas y series. Aparte de sus proyectos en la gran pantalla, también ha colaborado poniendo voces a algunos personajes de Saints Row y GTA III. Una carrera bastante inquieta que se topa en el 2006 con Special, una película independiente de bajo presupuesto que mira en lo más profundo de su personaje llevándolo a una triste pero irrevocable reflexión: nadie es especial.

Les Franken, el protagonista de la historia, es un hombre solitario, con problemas para relacionarse con la gente, introvertido y tímido. Trabaja como guardia de aparcamiento y sus dos únicos amigos son dos hermanos que llevan una tienda de cómics en su barrio, hobby que Les también comparte y del cual es un fanático. A pesar de no ser un infeliz, se ha acomodado en una vida demasiado conformista e insulsa, por lo que se presta para recibir el tratamiento de un novedoso medicamento antidepresivo.

Tras las primeras dosis, Les percibe superpoderes y piensas que se está transformando en un super héroe similar al de los cómics que suele leer. Es aquí cuando comienza el proceso de destrucción de Les en su ansia de combatir el crimen y ponerse al servicio del ciudadano. Una historia que poco a poco lo irá arrastrando hasta la verdad y hacia un profundo proceso de autodescubrimiento en el que el protagonista reflexiona de forma tajante sobre su vida.

Special tiene como fuerte ese pensamiento interior de Les, en donde nos hace recapacitar sobre el rol humano en la sociedad, en la diferencia tan abismal que existe entre la gente de a pie y quienes puedan o no tener el poder, en el egoismo de las grandes multinacionales y en la locura de una persona que sobre todo quiere evolucionar y dejar de ser uno más, sin objetivos ni preocupaciones. Una película que da bastante que pensar, mejorable en su ejecución pero riquísima en cuanto a concepto.

noviembre 15, 2009 at 12:52 pm Deja un comentario

Moon, hijos de la luna

Moon ha sido toda una sorpresa. Brilló con luz propia en el Festival Internacional Fantástico de Sitges, haciéndose con los premios a mejor película, mejor guión, mejor actor y diseño de producción. El padre de la obra, Duncan Jones, quizás sea todavía más conocido por ser el hijo de David Bowie, pero está claro que después de Moon las cosas cambiarán. Aviso de que la presente reseña contendrá algunos spoilers, por lo que no recomiendo su lectura antes del visionado.

moon2

El planeta cada vez está más sobrexplotado y se hace imprescindible recurrir a nuevas formas de energía. Una empresa llamada Lunar Induestries opta por un nuevo sistema de recolección en la Luna, es aquí cuando entra en juego Sam Bell, encarnado por un sensacional Sam Rockwell. Durante tres años ha estado prestando sus servicios en una estación lunar situada en el lado oscuro de la Luna, con la única compañía de un robot llamado Gertry. Desde hace un tiempo atrás, existen problemas de comunicación entre la base y el exterior, por lo que se imposibilita una conexión en directo entre Sam y su mujer, dando lugar a mensajes que nunca llegarán. Cuando sólo faltan dos semanas para su regreso a la Tierra, el protagonista sufre un accidente en una misión de mantenimiento en el exterior de la base, quedando su vehículo sepultado cerca de uno de los recolectores.

A partir de aquí es cuando la obra de Duncan se hace grande, muy grande. Con poco presupuesto, pero ilusión y las cosas claras, se ha logrado engendrar una película que aunque tiene referencias de clásicos como Odisea en el espacio o Alien, se desmarca por banda con cuestiones filosóficas y haciendo que el espectador se angustie ante la impotencia de las situaciones finales. La soledad del personaje, la personalidad de Gertry, que en un comienzo nos hace dudar de sus intenciones y el despertar en la conciencia de los clones son momentos que construyen una de las mejores películas de ciencia ficción de este año. Ejemplo enorme de que el género no tiene porque estar respaldado por millonarias producciones y efectos especiales espectaculares. Simplemente haciendo funcionar la mente del espectador y creando momentos tan emotivos como los del final, donde el moribundo clon ve a su hermano despegando hacia la Tierra, Moon se mete al público en el bolsillo. Realmente encantadora y con una banda sonora que remarca el peso emocional de las situaciones.

En los comentarios planteo algunas dudas que me gustaría compartir con los que ya la han visto y así no spoilear de forma masiva.

octubre 17, 2009 at 11:43 pm 10 comentarios

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